jueves, 6 de mayo de 2010

Profesor Juan Manuel: Gracias !!

Qué ignorante es un adolescente promedio ! Y qué pocos modales recibimos a través de los medios de comunicación y en general de nuestro entorno; cada caso puede ser muy diferente, pero la verdad es que hay muchas cosas que nos faltan.

Conocí al profesor Juan Manuel con una baja referencia: permitía copiar en los exámenes; las cosas para mí no fueron tan fáciles: ¿ Adivinen a quien encontró con las manos en la masa ? Sí, al suscrito. Solo después de mucho tiempo comprendí la importancia del respeto y que cada persona, humilde o no, pobre o rica, se lo merece, es la manera más digna de ejercer la democracia: trate a todos los individuos por igual.

Sin embargo, recuerdo de él algunos episodios más agradables:

  1. En el año 1989, lo acompañamos a cumplir una promesa a María Auxiliadora por su hijo.
  2. Era un buen hombre, respetaba a los demás, cumplía a cabalidad su función de educar; tenía la mirada de un ser justo, íntegro, debió ser un gran amigo.
  3. De manera muy cordial me ayudó a resolver un taller de biología para las pruebas del Estado, de lo cual no recordaba nada (como la estudié tan poco).

Era un gran profesor que ahora, justamente ahora valoro lo que significa respetar, pero no es que me considere malvado como alumno, sino que reconozco que me faltó más personalidad y criterio ante ciertas situaciones.

Gracias profesor, usted me ayudó a ser un mejor adulto.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Piel 2

Era miércoles en la noche, y se acercaba el momento más esperado durante toda la semana. Día de la mujer y ella…ELLA había aceptado recibirme en su casa, después de intentos fallidos, de muchas miradas y desencuentros causados por el desgraciado azar, por fin iba con firmes intenciones de ganarla, conquistarla,..eso sí, aún sin una estrategia muy clara.

Le había comprado una chocolatina (una de sus debilidades) y en mis manos llevaba un corto poema de mi propia inspiración que aún conservo; empezamos a hablar, reir y sobretodo a mirarnos: su perfume era profundo, atrayente, delicado pero salvaje al mismo tiempo. La noche pasaba, todo era perfecto, pero aún no me arriesgaba….

La noche terminaba, tenía que irme; después de hablar temas sin mucha importancia, llegamos a la puerta. Finalmente la besé; me sentí levitar, el momento esperado había llegado y era aún mejor que lo imaginado por este hormo sapiens.

Los días siguientes fueron de más ansiedad, hasta que el domingo siguiente puede encontrarla y acordar una cita: su casa a eso de las 7 pm. Primer problema: cuando salía de mi casa una inmensa nube derramaba agua sobre la ciudad. Con algo de lluvia salí por ella.

Las palabras sobraron, el deseo hizo lo demás: ante la privacidad de una sala amplia y oscura, el sonido de un televisor de fondo y en un cómodo sofá, nos acercamos lo suficiente para sentirnos y desearnos más. Esa noche no se convirtió en la única, pero quizás fue la más franca de todas, al menos de mi parte y es una lástima las limitaciones del lugar, ya que hubiera sido la unión de la ternura y el placer.

Un mes después hubo un frío encuentro más triste que una despedida oficial, años más tarde intentos más cargados de nostalgia y quizás miedo al vernos de muchos modos tan distintos a los seres que teníamos grabados en nuestras mentes. No existen segundas partes buenas dice un amigo y que prejuicios nos marcan ahora que el tiempo y nuestras cuentas vacilan tanto.   

sábado, 1 de mayo de 2010

Tiempos difíciles

En estos tiempos tan acelerados, inestables e inciertos, es agradable y necesario acercarse a un hoja en blanco, una pantalla de portátil y cualquier espacio propio que le permita a un ser humano común encontrarse consigo mismo y tener un poco de desahogo. Hoy, vuelvo a escribir después de algunas dudas pero por fin convencido de esta ‘válvula de escape’, como la llaman los psicólogos. Es precisamente la desesperanza e inseguridad de estos tiempos, elementos que enredan en el día a día, pero los que más requieren para ser enfrentados de un espacio como estos.

Hace dos días vi la película: ‘El secreto de sus ojos’,  de Juan José Campanella; me identifiqué con el deseo del protagonista de contar algo, su lealtad con su grupo de colegas y su profesión y, sobre todo, con sus miedos y fragilidades; este filme trajo a mi memoria un cuento de Eduardo Galeano: la historia de los libros que a veces nos buscan; pero no solo sucede con los libros, con frecuencia existen objetos que parecen esperarnos. Por más que ciertas situaciones intenten cercarnos, siguen existiendo espacios, lugares, personas, que nos dan ese aire, ese impulso para continuar.

La película también trae ese aire argentino, esa arquitectura difícil de encontrar en otra ciudad latinoamericana, esa historia no contada en palabras pero sí a través de los lugares, que quizás, muchos de nosotros jamás conoceremos.