miércoles, 5 de mayo de 2010

Piel 2

Era miércoles en la noche, y se acercaba el momento más esperado durante toda la semana. Día de la mujer y ella…ELLA había aceptado recibirme en su casa, después de intentos fallidos, de muchas miradas y desencuentros causados por el desgraciado azar, por fin iba con firmes intenciones de ganarla, conquistarla,..eso sí, aún sin una estrategia muy clara.

Le había comprado una chocolatina (una de sus debilidades) y en mis manos llevaba un corto poema de mi propia inspiración que aún conservo; empezamos a hablar, reir y sobretodo a mirarnos: su perfume era profundo, atrayente, delicado pero salvaje al mismo tiempo. La noche pasaba, todo era perfecto, pero aún no me arriesgaba….

La noche terminaba, tenía que irme; después de hablar temas sin mucha importancia, llegamos a la puerta. Finalmente la besé; me sentí levitar, el momento esperado había llegado y era aún mejor que lo imaginado por este hormo sapiens.

Los días siguientes fueron de más ansiedad, hasta que el domingo siguiente puede encontrarla y acordar una cita: su casa a eso de las 7 pm. Primer problema: cuando salía de mi casa una inmensa nube derramaba agua sobre la ciudad. Con algo de lluvia salí por ella.

Las palabras sobraron, el deseo hizo lo demás: ante la privacidad de una sala amplia y oscura, el sonido de un televisor de fondo y en un cómodo sofá, nos acercamos lo suficiente para sentirnos y desearnos más. Esa noche no se convirtió en la única, pero quizás fue la más franca de todas, al menos de mi parte y es una lástima las limitaciones del lugar, ya que hubiera sido la unión de la ternura y el placer.

Un mes después hubo un frío encuentro más triste que una despedida oficial, años más tarde intentos más cargados de nostalgia y quizás miedo al vernos de muchos modos tan distintos a los seres que teníamos grabados en nuestras mentes. No existen segundas partes buenas dice un amigo y que prejuicios nos marcan ahora que el tiempo y nuestras cuentas vacilan tanto.   

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