Algunas cosas deben suceder, no se cual sea el motivo, cual sea la expoliación, si es que acaso existe, pero hay citas que tenemos que cumplir; hace una semana estuve en un lugar hablando de un nuevo sueño, que realmente es el mismo, el de toda la vida (pero con diferente nombre); al ser recibido en el lugar sentí esa mano que define el perfil de cada empresa, pero que no todas tienen la misma energía, generan la misma confianza, crean ese afecto, si es que esa palabra todavía existe en estos tiempos turbulentos; no todos los empresarios se involucran o rinden del mismo modo.
El ambiente familiar con el cual fui atendido me recordó los años del periódico juvenil, lo que sonábamos los que de alguna manera sonábamos, lo pensábamos del barrio, la ciudad y hasta del mundo en unos años que nunca han dejado de ser difíciles. Eran estos tiempos inciertos y complejos, cuando empiezas a crecer te das cuenta del tiempo que tienes en frente y a pensar como adulto: que antes no era así...
Hoy, sentado en esta biblioteca que demuestra que existen sueños posibles, recuerdo esos años y siento el deseo aun vivo, aun joven de salir adelante, pero ante todo de ser ejemplo, ya que soy consciente de que no se puede vivir de cualquier manera.
Todos los sentimientos encontrados se resumen en el saludo de la gerente, quien de manera puntual directa dijo: el buen hijo vuelve.
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