viernes, 12 de septiembre de 2014

ENCUENTROS

Colgó el teléfono, cerró los ojos y entendió que el final había llegado; ya se habían perdido el uno al otro; en ocasiones anteriores habían discutido, pero ese día era diferente, tan solo porque él finalmente entendió lo que no había querido comprender: se estaban haciendo daño. Fue una historia construida, pero también una relación que agonizaba hace rato, una pelea perdida. Ella reconoció que ya no lo soportaba, él aceptó que no iba a cambiar; ambos vieron el tiempo que estaban perdiendo y que la soledad es la mejor manera de encontrarse a uno mismo sin perder su dignidad.

Se amaron, se odiaron, se alejaron, se reencontraron, se perdonaron, pero nunca entendieron que el tiempo había pasado y que ya no era lo mismo. 

Ella siguió con su vida, construyendo, creando, creciendo, enseñando, aprendiendo; él, siguió adelante con sus proyectos, con sus búsquedas; él, cuando puede, pasa cerca a su casa aunque no tenga la decisión de volver a llamarla para invitarla a almorzar, para llevarle uno de los pasteles que tanto le gustan y que carecen de sentido y sabor cuando él los come solo, estando a unos metros de ella. 

El, sigue su búsqueda, concentrado, esforzándose cada día, buscando inspiración; ella ya la tiene. Ella va a encontrar a una persona maravillosa que le alimente su fuego interior y la haga muy feliz. El irá tras sus sueños y los encontrará.....y algún día dentro de muchos años, quizás en una fiesta del libro o en un concierto de música clásica, se sentarán de nuevo y reirán como un día lo hicieron por primera vez en un encuentro en la banca de atrás de un bus de Circular Conatra a eso de las siete de la noche.



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