Somos el resultado de un proceso, porque creo que nadie llega solo; somos el resultado del esfuerzo de una madre, abuela, tía, madrina o hermana mayor que nos despertaba diciéndonos: 'se acabó, es hora de levantarse'...; luego nos preparaba el desayuno, la ropa estaba limpia y planchada, y al regresar de estudiar o trabajar la comida estaba caliente; muchos de nosotros tuvimos también un padre, abuelo o tío que trabajó de manera incansable por proveer de alimentos, techo y elementos básicos nuestro hogar y que pudiéramos dedicarnos a la labor de estudiar; nosotros tuvimos quien nos corrigiera, nos llamara la atención, no nos dejará desviar del buen camino; todos esos detalles sucedían por dos razones fundamentales: nos amaban demasiado y tenían fe en nosotros. Alguien, desde un principio depositó una enorme confianza en nosotros, en nuestro actuar, nuestro capacidad, nuestra ética, nuestra responsabilidad; alguien creyó ciegamente en nosotros.
Además de esta influencia, la vida nos ha llevado a conocer profesores, docentes, tutores, maestros, entrenadores y jefes; de todos hemos aprendido algo, todos nos han regalado algo; también la vida nos ha dotado de amigos, seres que pueden estar en unas condiciones similares a las nuestras o no, pero nos han acompañado y hemos sufrido, celebrado, compartido, reído y llorado con ellos, algunos todavía los tenemos a nuestro lado.
Somos el resultado de un proceso y con eso se demuestra que uno no llega solo, siempre necesita de alguien o de algo; cada vez que nos levantemos de la cama, debemos tener en cuenta la imagen de nuestro seres queridos, ese debe ser nuestro motor para iniciar cada día; además, si tantas personas nos han dado su confianza y su fe, es porque podemos lograr lo que tenemos en mente, tenemos las herramientas y lo podemos lograr, lo debemos logar y al hacerlo, debemos ir y agradecer a esos seres a los que tanto les debemos, así estén todavía en este mundo o ya se hayan ido.
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