lunes, 1 de octubre de 2018

Libertad


Libertad

Fácil de demandar, difícil de conceder
Hasta donde los hijos hemos demandado la atención de nuestros padres; hasta donde les hemos generado desvelos, sacrificios y hasta les impedimos ser lo que ellos querían ser; hasta donde recibimos amor infinito, hasta donde ellos se doblaron por nosotros.
Mi padre fue muchas veces subvalorado e irrespetado en su trabajo pero sabía que tenía tres bocas para alimentar además que la suya y por su formación básica no tenía mucho de donde escoger; aunque no entendía muy bien eso de que los hijos querían seguir estudiando después del bachillerato, aguantó a regañadientes hasta que vio a sus hijos convertidos en profesionales y sintió orgullo.
Mi madre me cargó con esfuerzos para llevarme al médico un lunes de madrugada, me apoyó con fe ciega en mis proyectos porque sabía que algún día le iba a retribuir esfuerzos pero también sabía que solo iba a ser muy duro para mí y de pronto no lo soportaría
¿Por qué la libertad propia es tan fácil de demandar pero la de otros y sobre todo la de nuestros padres es tan difícil de conceder y de entender? ¿Creemos acaso que ellos no amaron, creemos que ellos no aman y su único derecho es responder por nosotros?
Será que olvidamos que son seres humanos?

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