martes, 6 de abril de 2010

Lección de dignidad

Año:1987
Lugar: Medellín

En una mañana de no sé qué día escolar de la semana el profesor William Rodríguez me dío una alta lección, de las primeras que empezaron a marcar mi vida. Ingeniero de Petróleos, exigente y por lo mismo admirable, fué una persona que definió un gran compromiso: mis notas no se cambian.
Creo que tenía buen trato con los alumnos, bastante difíciles por la edad y tiempos que atravesábamos: la verdad no teníamos muy claro para donde iría nuestra vida y cuál era la mejor manera de hacerlo. Hacían falta profesores que fueran un enorme apoyo, debido a que los padres de familia solos no podían y además, los cermones de los sacerdotes del colegio Salesiano Pedro Justo Berrío se parecían más a un grito de la inquisición o castigo medieval, ya que era muy pobre su aporte para la realidad vivida.
Las matemáticas del profesor William me estaban 'moviendo el piso', no lograba decifrar el lenguaje, pero no me desgastaba en críticas hacía el docente pues sabía que el error era de su alumno sin duda alguna. El era de esos ingenieros que no ejercían su profesión por no cambiar de estilo de vida (decía él), pero yo lo veía feliz haciendo algo que le gustaba y apasionaba: abrir mentes. Que lástima que haya pasado tanto tiempo para decir gracias y que cortas las palabras que se dijeron en la época en que no sabíamos cual sería nuestro destino.
Una mañana, el profesor con la frente en alto, nos dijo que se iba; informó a su joven audiencia que él no tenía la culpa de que muchos alumnos estuvieran perdiendo la materia en lo corrido del año. El profesor dio un paso al costado, se marchó con su conocimiento y sus matemáticas de ingeniero en una institución que no quería tener números rojos en sus finanzas y prefería cambiar las calificaciones. Qué harían estas directivas hoy con los cifras de desempleo? Recuerdo que los dos últimos exámenes que me calificó fueron dos notas altas: una manera de compensar el esfuerzo invertido en este alumno que no le comprendía en la práctica sus mensajes pero que respetaba bastante su criterio bien merecido de docente.
Nunca volví a ver a ese profesor y me consuela que finalmente puede darle las gracias de algún modo.

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