Su presencia era media vida en cada reunión; su manera de opinar, de dirigir y de organizar cada idea para llevarla o no a ser proyecto, marcaba el ritmo de cada encuentro. Es más, se sentía muchas veces que las cosas tenían sentido porque ella estaba allí. Su voz era llamativa, firme y clara, otro de los aspectos que generaba cierta atmósfera a su alrededor. Su mirada, inteligente y decidida, no se le podía salir con cualquier cosa en frente: la contienda requería de altura, de mucha altura. Su modo de levantar una ceja al escuchar penetraba fuertemente en la mirada del interlocutor y a veces era difícil sostenerla frente a ella. Pero sus labios….esos labios…
Su cabello, largo, acompañaba esa figura ligera pero imponente. Sus manos pequeñas provocaban acercarse cada vez más, parecían fáciles de tomar y hasta dominar, al contrario del rostro al mirarlo de una manera directa. Su sonrisa era hermosa, llena, viva, parecía fácil acercársele, pero me separaba de ella una distancia tan corta que parecía enorme, ya que unos metros se hacen kilómetros en medio del protocolo de un grupo tan cercano; además, había que ganar, no quería conformarme con una amistad.
Ahora el tema central: esos labios, eran gruesos, carnosos, intensos. Esos labios reflejaban tanto que lo demás no importaba, aunque se tratara del complemento de una figura no perfecto, pero si muy atractiva. Toda esa descripción fue captada en un día, en 40 minutos de una tarde, que bastaron para llevármela y recordarla hoy, muchos años después.
Meses más tarde, tras reuniones eternas y procesos truncados, se dieron las situaciones de una manera muy rápida, simple e incontrolable, y por el resultado final, sorprendente, ya que no puedo decir que lamentable, eso sería ignorar el placer vivido. En una semana coincidieron todas las situaciones y el acercamiento ocurrió; cual cazador al acecho, con todo un plan definido el resultado fue el esperado. Días más tarde, después de un silencio eterno, el acelerador de las situaciones parecía no tener marcha atrás, con las respectivas consecuencias. Su piel era la expresión del deseo. El resultado fue que en realidad no la conocía más que en la imagen que tenía en mi cabeza, y frente al desconsuelo con la realidad solo puedo decir que la ruta del tiempo solo tiene una dirección.
Así fue que el silencio nos separó sin recordar muy bien como, sin saber quien tuvo más responsabilidad, el hecho es que la relación quedó con un final sin haber tenido un buen principio, por lo menos un principio claro. Años mas tarde, hubo intentos fallidos como el hombre que quiere volver a su juguete de niño sin darse cuenta que la realidad le ha borrado la magia de la fantasía con que él lo veía, y las estrellas de su movimiento, la música espectacular y los colores con que brillaba, eran solo producto de la ilusión del niño que ya no es. El pasado no regresa y solo la nostalgia mueve ese corazón mediante el recuerdo.
Siguen algunos recuerdos cuando veo sus fotos, pero hay fantasmas a quienes prefiero escribirles antes de dejarlos flotar de manera eterna en mi cabeza, aunque sé que tarde mucho tiempo en ‘matar’ esta memoria fugaz.
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