jueves, 27 de septiembre de 2018

La promesa cumplida

Por fin aceptó mi propuesta, esa chica que me atraía tanto, que había buscado abordarla de todas las maneras posibles, por fin había aceptado mi acelerada propuesta; ella, muy buena para los números, yo, también los apreciaba pero me quedaba sin campo de visión cuando me concentraba en el pequeño espacio que había entre sus dos senos; se me había convertido en una obsesión estar ahí, medirlos, acariciarlos, probarlos. Qué tal que encontrara que la distancia entre las puntas de sus dos pezones fuera una constante o tuviera alguna relación con ese pequeño punto que separaba sus dos senos? 

Estaba totalmente obsesionado, lo admito; ya había iniciado conversaciones con ella y de manera discreta ella me había insinuado que me podría enseñar un seno; no contuve mi alegría, por fin iba allegar ese momento; corrían los años noventa y todo era felicidad para mi; una matemática me iba a brindar tal alegría.

Llegué corriendo a su casa, toqué la puerta y ella salió; muy amable me invitó a pasar. En un momento determinado me dijo: ya vuelvo. Apareció mas tarde con un libro; en un afán de optimismo pensé en alguna fotografía erótica o algo así....Por fin el misterio fué revelado, ella me mostró un seno, la función trigonométrica, yo hice silencio, ella me había tomado del pelo, esta matemática y amante de la física prefería a Galileo, Newton, Pitágoras y a todos los demás; mis pretenciones fueron diluidas y me llevaron al rincón de la soledad del adolescente: el baño de su casa.   

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