Hoy, después de varios años de intentos y de ser soberbio ante los consejos de mis padres, debo reconocer que con su experiencia y cariño, sin una reconocida academia y un lenguaje exquisito, pero muy práctico, sencillo y honesto, como en realidad debería de ser, me daban normas que realmente eran por mi bien, sólo que a veces uno quiere chocarse contra el mundo sin reconocer lo frágil que en verdad somos pero sabiendo en el fondo que tenemos donde caer y que ellos no iban a dejarnos pasar dificultades....mientras estuvieran con vida.
- Acuéstese ya, mañana debe madrugar, pero uno pensaba que si apagaba el televisor, jamás volvería a ser feliz.
- Llegue temprano, la calle está muy peligrosa, casi me cuesta la vida el primero de enero de 1991.
- Y esos amigos quienes son? Con ese ojo clínico querían alejarlo a uno de las malas compañías.
- Trabaje juicioso, cuide su puesto, la calle está muy dura, como si vieran el futuro.
- Ahorre, no se lo gaste todo, gran presagio.
- Estudie, estudie bastante, esa voz me suena aún en la cabeza.
- Tiene hambre, quiere más? Eso nadie más se lo dirá a uno jamás.
- Separe las cuentas, eso nunca sobra. Los mejores administradores.
- Cómo le fue? Siempre esperaban para preguntar eso.
- La bendición y uno se sentía custodiado.
- No se endeude y si debe, pague. Sabias palabras.
- A qué hora viene? Y esperaba sin dormirse.
- Ya llegó, gracias a Dios. Era el mejor descanso.
- Va a comer ya?....
Cuántos dolores de cabeza les causé y cuántas lágrimas les hice derramar. Pasó el tiempo, el suspiro que es la vida y entre lágrimas recuerdo sus palabras; ambos partieron ya pero su ejemplo fue la mejor enseñanza: honestos, responsables, trabajadores, humildes que me dieron el más grande amor que jamás recibiré en la vida.
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