La enfermedad y la muerte nos recuerdan lo débiles que somos, lo sensibles ate los azares de la vida, lo frágiles ante el destino; todos los orgullos, la mierda que a veces decimos, ese 'yo nunca...' que creemos asentar en lo profundo del universo, queda reducido a nada ante la enfermedad y la muerte; esas dos maestras nos enseñan a hacer silencio, a tragarnos esas palabras ofensivas a veces, a escuchar razones, a hacer reflexión; cuantas veces pasamos por encima de las personas, pensamos que no vamos a necesitar favores, pensamos que lo tenemos todo resuelto....Nada más falso que tenerlo todo resuelto.
La enfermedad y la muerte enseñan a cargar menos cosas, a recordar que es mejor preparar una despedida y expresar los sentimientos de cariño y aprecio a los seres cercanos antes de que ellos o nosotros partamos; son unas maestras que nos enseñan a hacer pausas, a respirar con serenidad y a valorar cada instante de esta vida contradictoria y acelerada.
La enfermedad y la muerte, llegan sin pedir permiso y nos arrebatan lo más querido y hasta a nosotros mismos, porque es la única ley que se cumple de manera tajante.
Recuerdo las palabras de un médico a mi madre ante la enfermedad de mi padre y su desenlace inminente: 'Señora, se muere el pobre, se muere el rico, se muere el joven y el viejo, el enfermo y el que está sano,.....se muere hasta el putas.'
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