sábado, 29 de diciembre de 2018

La chica de la zona rosa

La chica de la zona rosa

Un aguacero trató de impedir mi hora de salida, pero mi decisión era imparable; sentía que debía asistir, que tenía que verla, pocas veces había sentido un impulso de esas proporciones. La lluvia pasó unos minutos después de llegar a su casa, era un domingo, eran las siete de la noche. La encontré con su blusa blanca, unos jeans y unos zapatos de cuero; recuerdo mucho el perfume que tenía, aunque no su nombre, incluso años más tarde traté de identificarlo en un tienda por el olor y logré aproximarme sin tener la certeza de que fuera el mismo.

Ella estaba hermosa, como siempre; nos sentamos a hablar, ella esperaba quizás que yo diera el primer paso; en la cita del pasado miércoles había sucedido algo y se suponía que era el inicio de una relación. Le dí un beso y no hubiera querido retirarme de sus labios por mucho tiempo, sentí su temperatura, la suavidad de su piel y se tendió entre ambos un lenguaje que parecía no necesitar más palabras: no era necesario explicar lo que estaba pasando, al tomar su mano me sentía en el lugar adecuado y con la persona adecuada.

Esa noche, que quería que no terminara, habíamos encontrado la manera de entendernos y de amarnos (aunque no sea la palabra adecuada) de una manera directa y compatible, al menos eso creía yo, que pensaba que había encontrado a alguien muy especial, un ser único salido no se de donde y que había estado escondida no sé en qué lugar pero cuyas virtudes había superado mis expectativas. Me había dado la oportunidad de conocerla hace menos de un año pero en estos últimos meses todo parecía mostrarme que era una mujer muy especial para mi y pensaba que entre ambos había algo que estaba creciendo.

Su piel se me hizo inolvidable esa noche y pensé que con eso bastaba, al parecer o a mi parecer, las cosas marchaban bien. Salí de su casa y no volví a reunirme con ella hasta un mes después; ya distante, diferente, como si fuera otra persona sentí que debía irme; años más tarde ella me contó que en esa ocasión ella estaba en una relación. Las cosas quedaron así y me quedó un recuerdo de un domingo de marzo de mi juventud en una época en la que nos queríamos comer el mundo y a como diera lugar vivirlo todo, pero los tiempos cambian...y las personas también.

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